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viernes, 13 de marzo de 2009

1951. MI PRIMER ENCUENTRO FÍSICO CON CUATRO HOMBRES RUBIOS QUE VENÍAN DE MÁS ALLÁ DEL ESPACIO



(Primera Parte)

1951. MI PRIMER ENCUENTRO FÍSICO CON CUATRO HOMBRES RUBIOS QUE VENÍAN DE MÁS ALLÁ DEL ESPACIO

(Por Pierre Monnet)

Sucedió una noche de julio. Me encontraba en Courthézon, una pequeña población de Provenza, a dieciocho kilómetros de Aviñón. Yo estaba situado en la antigua Nacional 7 que atraviesa la población y bordea una plazoleta en cuyo centro se yergue una fuente circular. No lejos de allí se alza una puerta medieval en la que está encajado un reloj eléctrico que señalaba, al inicio de mi aventura, la una y media de la madrugada. En aquella época del año y para aquel tiempo, la circulación automovilística era relativamente más intensa que de costumbre: estábamos en plena época turística y, al mismo tiempo, se celebraban las fiestas de Orange, mi ciudad natal, situada a siete kilómetros de distancia.

La carretera entre Courthézon y Orange, tiene un trazado rectilíneo a partir del primer kilómetro. Habitualmente tardaba entre quince y veinte minutos en recorrerla, a veces más, a veces menos, según fueran mi humor y mis ánimos. Por aquel tiempo no disponía otro vehículo que mi bicicleta. Realizaba aquel recorrido dos veces por semana, siempre los mismos días y aproximadamente a la misma hora. Mi objetivo: visitar a mi novia que, después, se convertiría en mi esposa.

Deseoso de verificar mis hazañas, tanto al inicio de la marcha como al final de cualquier viaje, fuera el que fuese, comparaba siempre la hora de mi reloj de bolsillo con la de los relojes de los lugares donde me hallaba. Aquel gesto, que se había convertido en un hábito. Ya se sabe que, cuando uno es joven, busca siempre superarse, aunque no fuera más que para "farolear" al día siguiente con los compañeros, informándoles, cuando la ocasión se preste a ello, de que el record del día anterior ha sido superado.

Aquel día no fue una excepción y, tras las verificaciones de rigor, subí a mi bicicleta. Pero no sucedió lo mismo que otras veces.

Tuve la pasmosa sorpresa de verme instantáneamente teletransportado cinco kilómetros más allá, siempre junto a la Nacional 7 , a la entrada de una vasta, sinuosa y profunda cantera de arena y gravilla. Conocía la existencia de aquella cantera, pero nunca había puesto los pies en ella. Estaba situada junto a la carretera a unos tres o cuatro kilómetros de Orange. La distancia que mediaba entre la cantera y la carretera era de unos diez a quince metros, y entre ambos se alzaba un seto de inmensos matorrales y de árboles de toda especie y de mediana altura.

Aquella "teletransportación" instantánea me dejó atónito. Sentía como si mi cerebro se hubiera vaciado. Estaba como alelado. Luego, a la manera de alguien superado por los acontecimientos, pero conciente de la realidad de la situación y de sí mismo, como dirigido por una fuerza irresistible empecé a subir el ancho del sendero en cuesta que se adentraba diez metros más abajo por la cantera sinuosa. No sabía por qué al llegar abajo de la pendiente, al nivel del fondo de la cantera, desmonté y avancé a pie empujando la bicicleta.

Sentía una extraordinaria ligereza. Tenía la sensación de que mis pies no tocaban el suelo. Me encontraba sosegado y distendido a pesar de lo insólito de la situación. Me sentía como alguien que aguarda algo inminente. No experimentaba el más mínimo cansancio. La emoción me cortaba el aliento y el corazón me latía a mayor velocidad. Y, sin embargo, no tenía miedo; al contrario, me sentía como habitado de una inmensa paz interior.

Curiosamente cuanto más avanzaba, tanto más continuaba una impresión similar a la que se siente al entrar por primera vez en el agua, a saber, algo así como una ligera opresión en los pulmones. Y, cosa extraña, progresivamente los sonidos exteriores se esfumaban, a medida que avanzaba por el fondo de la cantera, como si supiera con toda exactitud a dónde me dirigía...

En un recodo a unos sesenta metros delante de mi y detrás de uno de los multiples islotes de tierra que los tractores habían bordeado, percibí una luminosidad. Seguí acercándome, y a unos doce metros del islote que había rodeado, a unos quince metros delante de mi, vi "fotando", en suspensión a una distancia entre cincuenta y ochenta centímetros del suelo, un disco de forma lenticular cuyo diámetro medía entre quince y veinte metros.

Aquel disco estaba coronado por un abultamiento central en forma de cúpula. Verticalmente, aquel ingenio debía de medir unos tres metros. El disco irradiaba, mediante lentas pulsaciones, un color "blanco-plateado-azulado" que iluminaba nítidamente las paredes de la cantera a una distancia de unos diez metros. Aquel insólito metal que parecía ser la materia con la que estaba hecho aquel extraordinario artefacto de fascinante belleza. Del disco emanaba una potencia difícilmente concebible a quien no lo haya contemplado con sus propios ojos.

El "metal" del disco parecía a la vez material e inmaterial o, por lo menos, dotado de una estructura atómica interna en constante movimiento. Se trataba de algo que casi estaba vivo, algo ciertamente impresionante, inquietante y hermoso a la vez.

Lenta, muy lentamente, me aproximé a aquel objeto que parecía tirar de mi. Luego, al encontrarme ya muy cerca (a seis o siete metros), me di cuenta de que un silencio total se había establecido desde hacia mucho tiempo a mi alrededor. Ya no escuchaba el ruido de la circulación que transitaba por la carretera, la cual, sin embargo estaba solo a unos sesenta metros de distancia. Tampoco oía el canto de los pájaros nocturnos ni el de los grillos. No percibía el ruido de mis pasos ni el rodar de los neumáticos de mi bicicleta sobre la gravilla. Aquel silencio absoluto me hacía sentir la impresión de estar metido bajo una campana, una sensación de completo aislamiento. Sólo captaba el sonido de mi respiración, los latido del corazón y la circulación de mi sangre por venas y arterias.

Y, sin embargo, me sentía bien. Maravillado por lo que estaba contemplando, seguía avanzando. Probablemente, demasiado hechizado por aquel ingenio, no me había dado cuenta que ante mí y un poco hacia el lado del artefacto, se encontraban, puestos en pie, cuatro seres humanos que no pertenecían a este planeta. Iban vestidos con un buzo muy ceñido, constituido por un "tejido" flexible de color plateado luminiscente, formado por "escamas". Aquella vestimenta iluminaba el suelo a su alrededor hasta, por lo menos cinco metros.

Me desvié ligeramente hacia la derecha al verlos. Mientras los examinaba, avancé despacio hasta encontrarme sólo a unos tres metros de aquellos cuatro magníficos seres.

Había dejado de sentir el cuerpo. Inmóvil ante ellos, dejé mi bicicleta en el suelo, cerca de mi, y contemplé a los cuatro seres vivos, cuyo aspecto era perfectamente humano, aunque su origen no fuera terrestre. !Sabía que no eran terrestres!. No me preguntéis cómo ni por qué, lo sabía. Sería incapaz de contestaros.

Iban descalzos, con las manos descubiertas y no llevaban ningún casco para poder respirar; ninguno en absoluto. Fornidos, su forma era atlética. Su altura debía de ser por lo menos un metro ochenta y cinco (no los medí de cerca,...quien sabe, quizá se hubieran molestado). Los cuantro se parecían. Sus proporciones eran perfectas y su corpulencia idéntica. Eran auténticos duplicados...Su cabellera a la vez rubia y blanca, bajaba ordenadamente por sus hombros. El rostro era hermoso y fino. La edad podía oscilar entre los veintiocho y los treinta años. Su mirada era tan clara, dulce y franca, como nunca la había visto entre mis semejantes de la Tierra. Al acercarme, me sonrieron. Su finura y su belleza eran tales que, por el momento, dejando aparte los senos (en el sentido femenino de la palabra), durante los primeros cuatro segundos, no pude determinar si pertenecían al sexo masculino o femenino. Pero tras una breve vacilación, uno no se podía engañar: eran varones. De ellos emanaba una general impresión de gran vigor, a la vez exterior e interior; estaban forjados como atletas y sonreían, irradiaban tranquilidad, amabilidad y bondad. Una paz profunda precía habitarlos. El simpático aspecto de los seres de más allá del espacio es comunicativo; y la verdad es que me dieron ganas de arrojarme en sus brazos, como si los hubiese conocido desde siempre.

Levantaron los brazos hacia mi, horizontalmente, con la palma de la mano vuelta hacia lo alto. Realizaron aquel gesto casi a la vez y siempre en absoluto silencio.

Aquella actitud que, por lo menos me resultaba simpática, me inspiró una perfecta confianza. Acababan de hacer aquel gesto igual que lo hubierais hecho vosotros de haber sido visitados por alguien en vuestra casa a fin de nvitarlo a entrar o a acercarse.

Sin embargo, realicé un conato de retroceso mientras una intensa sacudida me recorría de pies a cabeza: ¡acababan de expresarse en mi, sin haber despegado los labios!. ¡Escuchaba con extraordinaria potencia sus pesamientos, dentro de mi cerebro y de todo mi ser!. La nitidez y la claridad eran extraordinarias. Al mismo tiempo supe que los pensamientos no se expresaban a través de palabras, sino que eran como impulsos codificados mezclados con imágnes y conceptos profundos que me resultaban extraños, aunque a la vez, familiares.

Aquellos seres me hacían partícipe por primera vez de un proceso de comunicación telepática a la que yo no estaba habituado y cuyo "mecanismo"no comprendía; proceso que, me aseguraron, era perfectamente natural, existente desde el comienzo de los tiempos, pero que el habitante de nuestro planeta perdió desde su caída, cuando dejó de obedecer a las leyes universales. El "mecanimo" de tal proceso, permitía, si me es lícito expresarme así, una sobre impresión de los elementos fonéticos de mi vocabulario en los pensamientos emitidos por aquellos seres, a los que no tardaría en calificar de "maravillosos"...

Aún admitiendo que pudiéramos encontrar en nuestro pobre lenguaje , los términos precisos aptos para traducir adecuadamente lo que me fue "dicho" ("expresado" sería una palabra más exacta), la cantidad de cosas que se me revelaron en un breve lapso de tiempo, que calculo de unos veite minutos, sólo podría volver a expresarlo en nuestro lenguaje en un tiempo mucho más largo. Posiblemente tardaría un año o dos, dedicándole al trabajo unas ocho horas diarias.

Por una parte me resulta difícil traducir, lo que se imprimió en mi, a causa de la parquedad de nuestro vocabulario, por otra, me es imposible decirlo todo en el momento actual. Os dejo a vosotros la tarea de imaginar el número de volúmenes que tendría que crear para que la transmisión fuera verdaderamente total y completa...¿Debo esperar un "desbloqueo lingüístico" ulterior?...

Humildemente debo confesar que, de momento, estoy llegando al límite de mi posibilidades, y lo lamento de veras...Porque en mi fueron depositados, no los términios, sino algo parecido a pensamientos y conceptos codificados en forma de impulsos para los cuales no acabo de hallar las palabras que los traducirían, a no ser de forma lenta, muy lenta, en el curso de muchos años; con excepción de algunas frases aisladas, que pude traducir instanténeamente porque se hacía necesario en esta o aquella situación urgente con ocasión de ciertos contactos.

La traducción de los conceptos, depositados en mi aquel primer día de contacto físico, sólo empezó a realizarse dos años después. Pero aquí os muestro algunas frases sueltas que pude comprender inmediatamente al punto de ser emitidas.

—Sentimos que hay temor en ti... Que el temor te abandone, queremos el bien de todo se vivo, especialmente sino es agresivo.
—No te acerques más a nuestro vehículo; todo ser vivo que no esté armonizado con su longitud de onda, corre peligro si se aproxima; las vibraciones que emite destruirían las células de tu cuerpo.
—Esta conversación que mantenemos contigo, en el futuro te causará problemas que influirán en tu salud: sufrirás alteraciones nerviosas durante algún tiempo, pero pasarán. Tras lo cual nuestra conversación se aclarará y podrás transmitir a los seres humanos de tu planeta lo que te hemos comunicado.
—Sabemos que usaís entre vosotros el lenguaje por medio del canal de la escritura.Si esta forma te parece más rápida úsala. Pero has de tener la precausión de no adoptar tus conceptos habituales, porque de ser así, nuestro mensaje resutaría falseado a causa de la deformación.
Te hemos hablado largo y tendido...Tú emplearías mucho tiempo en traducir, pero una vez lo hayas hecho, di a los seres humanos de tu planeta lo que te esté permitido decir.
—Estamos aquí en favor de los hombres de este planeta. Dáselo a entender.
—Este mensaje está depositado en ti de forma indeleble...Has de saber utilzarlo con prudencia. Por nuestra parte, nos sentiremos felices si colaboras con nosotros.
—No eres el único interlocutor nuestro en tu planeta. Pero por desgracia, la mayoría de aquellos con los que hemos conversado no quieren hablar de nosotros y los restantes no son creídos por los tuyos.
—A medida que vayas realizando tu traducción, escribe y dá a saber qué y quiénes somos.
—No temas, pero sé prudente con respecto a los tuyos, cuando te refieras a nosotros.
—Te protegeremos lo mejor que sepamos, a condición de que mantengas el contacto con nosotros de la forma que te hemos enseñado.
—No tendrías una vida lo bastante larga en tu existencia actual. Por eso, proponemos regenerar las células de tu cuerpo para que vivas ciento veinte años. No podemos hacer nada mejor por ti. Realizaremos dicha regeneración en el interior de este vehículo. Y te pedimos que nos perdones: hemos creido necesario actuar en este sentido. No recordarás la operación.
Al llegar a este punto los seres dejaron de emitir pensamientos. Muy atento hasta es momento en recibirlos, no me había percatado de que se había abierto la parte delantera de la cúpula. Aquella abertura podía contener a dos hombres, uno a cada lado de su marco. En el interior reinaba una luz de color blanco anaranjado que los ojos apenas podían soportar. Los cuatro seres seguían presentes, sonrientes y silenciosos.
Fue entonces cuando sin ni siquiera saludarlos, levanté mi bici, di media vuelta y subí la pendiente a pie hasta la carretera. Al llegar a la Nacional 7, monté en mi vehículo de dos ruedas y, por segunda vez me sentí teletransportado en la entrada de la ciudad de Orange, donde tenía mi domicilio.
Intintivamente, consulté mi reloj y me quedé boquiabierto al ver que seguía siendo la una y media de la madrugada. ¿Después de todo aquello?....¿Podía habérseme parado el reloj mientras tanto?. Cartesiano como era entonces y picado por la curiosidad, quería quedarme tranquilo y en paz. Pedaleando ya recorrí el kilómetro y medio que quedaba para plantarme ante el reloj del ayuntamiento y constatar que mi reloj de bolsillo y el gran artilugio del edificio público marcaban ambos la una y treinta y cinco: cinco minutos más teniendo en cuenta el tiempo que había tardado en llegar hasta allí.
Desde el inicio de mi aventura, os puedo asegurar que me pellizqué adrede para comprobar que no estaba soñando.
(Extracto del Libro: "Contactos Con Otro Espacio" de Pierre Monnet).

lunes, 9 de marzo de 2009

BIPOLARIDAD Y GEMELAJE

BIPOLARIDAD Y GEMELAJE

Las teorías aquí expuestas se hacen documento en un caso de contacto extraterrestre que nos gustaría analizárais con profundidad, pues nos descubre una realidad impresionante. Veremos aquí lo que es el gemelaje y la bipolaridad.

"Miguel Herrero Sierra, de treinta y cuatro años de edad, conductor de profesión y vecino de Alcalá de Henares, nos relata la experiencia que le permitió presumiblemente, entrar en contacto con seres extraterrestres de tipología 1.

"Soy aficionado a la pesca. Aquel día —en la madrugada del 18 de diciembre de 1977— decidí irme al pantano de Buendía. Cogí la furgoneta de la empresa y salí de casa, sobre las cinco de la madrugada. Había pasado ya el pueblo de Tendilla sobre las seis y pico ( a 24 kms. de Guadalajara sobre la Nacional 320), y de pronto, me quedé sin luces en el coche e incluso se apagó la radio. Me bajé e intenté encontrar la avería, sin resultado, entonces, acerqué el coche a la cuneta y lo metí por un camino frente de Peñalver, donde no molestara, esperando a que se hiciera de día.

"Había nubes bajas, salí un momento del coche y oí que me llamaban: —¡Oíga, el de la furgoneta!—, distinguí una masa negra a unos cincuenta metros de mí sospechando que pudiera tratarse de algun camionero con su vehículo atascado o algo así —sé que ahí no existe ninguna construcción— me acerqué después de cerrar mi coche. En ese momento vi a un hombre que iba con un buzo, un mono blanco, que en principio a mi me pareció como un mecánico, el cual dijo que le acompañara."

En ese instante Miguel Herrero afirma que empezó a notar calor, al tiempo que percibá un olor picante que en principio no identificó, pero que luego compararía al de un "bosque de pinos".

Siguió al hombre y distinguió un extraño aparato en forma de sombrero, del cual, cuando estaban a tres o cuatro metros, salió por debajo un cilindro hacia el suelo, iluminándolo todo.

Miguel Herrero afirmaría al diario"El Pueblo", de Madrid: "Me parecó una solemne tontería salir corriendo, porque pensé que si querían hacerme algo, me lo habrían hecho ya. No soy una persona miedosa, así que le seguí."

"Se abrió una puerta corredera en el cilindro; era metálico y estaba helado, y quedó a la distancia de un escalón del suelo. Un ascensor nos llevó a la puerta de arriba, a una sala muy grande donde había muchos controles."

En ese momento Miguel Herrero sufrió un ligero desvanecimiento del que se recuperó a los pocos instantes. Entonces fue cuando empezó a hacer la composición del lugar, fruto de lo cual han sido unos bocetos en los que ha intentado, una vez pasada su experiencia, reflejar todo lo que vió, lo más fielmente posible; así como unas anotaciones intentando describir aquellas instalaciones con la recopilación de sus recuerdos.

En los apuntes se puede leer textualmente:

"Las dimensiones del aparato, teniendo en cuenta que son aproximadas, comparándolas con un metro sesenta y cinco que es mi estatura, serían: de la base del cilindro hasta la parte superio de la copa del "sombrero" de unos diez metros.

"El cilindro inferior tendría unos tres metros y medio de altura por tres de diámetro.

"La sala de control tendría de dieciséis a dieciocho metros y la altura, algo más que la del cilindro, o sea, de cuatro a cinco metros.

"El anillo o "alas", que vi nítidamente entre el cuello lleno de estrellas y el borde interior iluminado, podría tener de dos a dos metros y medio.

"La cabina de pilotos" era una pieza circular de unos dieciséis a dieciocho metros, iluminada con una luz blanca, procedente del techo y paredes, como si todo ello fuese una enorme lámpara de neón, que no molestaba en absoluto a los ojos, aunque su luz era muy intensa.

"Todo alrededor de las paredes, cinco, a modo de mostradores separados por una especie de armarios transparentes, se encontraban los tableros de mando con una pantalla de televisión de unos dos metros de largo por uno de ancho. Y en cada mesa o tablero, un sinfín de luces, indicadores y palancas (algunas de estas luces no pararon de oscilar en todo momento el tiempo que estuve allí dentro).

"Frente al tablero, por encima del aparato del televisión, la pared se hacía transparente a voluntad del operador como pude ver luego.

"Delante de los mandos, un asiento, de algo que me pareció acero y esponja, con un pedal que permitía al operador desplazars sobre unos carriles de un extremo a otro de la consola".

"Eran, si estaban todos, diesciséis".

"De aspecto igual al nuestro; tanto que vestidos con nuestras ropas, hubieran pasado desapercbidos entre nosotros. Vestían un mono de color blanco, con una única excepción de uno de ellos, que sobre la parte superior izquierda del mismo, en el pecho, llevaba un círculo rojo. Todo el tiempo aquella forma de diálogo inaudible —ya que en ningún momento noté que movieran los labios— la mantuve con ese hombre que parecía que fuera el jefe, y que para mi se identificó como Mayor Martins, el cual me explicó que sus naves se materializaban y desmaterializaba a su gusto. Que su nave era de tipo exploradora y que había más en diversas partes, las cuales tendrían que volver más tarde a un punto determinado, donde les esperaba una nave base (nodriza), que les devolvería a su lugar de origen. Para su defensa, podían crear un campo magnético de 15 ó 20 metros alrededor de la nave, para evitar posibles ataques.

"El "Mayor Martins" explicó que su funcionamiento estaba motivado por cargas magnéticas de repulsió y atracción. Llegaron a nosotros, básicamente, debido a una casualidad. Calculando una velocidad determinada para desplazarse, encontraron un vacío y fue así como llegaron a nuestra dimensión hace aproximadamente dos mil años. No llevaban armas porque no las necesitaban, también le dijeron que aquí se encontraron con gente del espacio exterior y más específicamente que en el Perú habian vivido otras razas extraterrestres, que realizaban experimentos para crear una raza que se fusionara con la raza terrestre.

HUMANIDAD PARALELA

A Miguel Herrero Sierra, su interlocutor le contó diversos contactos efectuados en Francia, Estados Unidos, Rusia, y Argentina, pero quizás, el aspecto más llamativo de esa conversación es cuando Miguel añade:

"Solamente me asusté al ver a un hombre, que era exactamente igual a mi. Estaba sentado de espaldas, giró su asiento de los mandos y se quedó mirándome. Entonces como te digo fue cuando me di un gran susto. Mi primera reacción —me dio la impresión de encontrarme ante un espejo— fue lo de acercarme a él, no con ánimo de agredirle, ni mucho menos, sino sólo para ver a alguien como yo, de cerca. Y entonces fue cuando no me dejaron ir, no porque no pudiera físicamente, ya que nadie me lo impedía, sino porque me dijeron que no podíamos entrar en contacto, ya que él era algo así como mi negativo. Era exactamente igual que yo, a excepción de la cicatríz que tengo en la mejilla izquierda: él la tenía en la derecha.

Me dieron a entender como explicación que ellos y nosotros somos paralelos. El ejemplo fue el de la fotografía: nosotros somos el negativo y ellos el positivo o viceversa. Haciendo hincapié, en que cualquier cosa que nosotros hiciéramos, a ellos les repercutiría, y que si uno de nosotros moría, por cualquier cosa, su negativo —por seguir llamándole así— también fallecía. Me dijeron que si tenía idea de física, por ejemplo, dos polos opuestos en un imán se atraen y eso es lo que nos ocurría nosotros en un momento dado a menor descuido. Quizás por este motivo, a él le hicieron salir y no volví a verle."

Miguel Herrero estuvo en aquella sala aproximadamente tres hora. Un poco más tarde de las nueve y media de la mañana, se encontró de nuevo junto a su coche. A lo largo de ese tiempo, —que a él le pareció tan corto, como un cuarto de hora—, estuvo en contacto con unos seres que en ningún momento le hicieron daño. Únicamene notó cuando ya se encontraba fuera del aparato, un pinchazo en el brazo derecho, aunque no recuerda si se lo hicieron.

"Cuando salí del coche, estaba muy nervioso y pude apreciar cómo el objeto c0n un leve zumbido, se alejaba a una velocidad increible".

Es de destacar el cambio sufrido a través de la experiencia vivida por Miguel Herrero, el cual a vuelto varias veces al lugar del suceso, en esperar de que se vuelva a producir el encuentro y afirma:

"En cuanto a mi interior, aunque no sea capaz de explicarlo fácilmente, me ha supuesto una especie de trastocamiento de las cosas que yo creía y pensaba respecto a estos asuntos. He visto todo tan fácil de explicar, que me parece un absurdo, montar estos problemas que han surgido entre expertos cintíficos. Por otra parte, no temo en absoluto al ridículo."

Las primeras investigaciones que se efectuaron, fueron sobre el terreno de los hecho, sin encontrar ningún rastro visible.

Fueron analizadas muestras de vegetación y tierra, con resultados negativos.

Se recopilaron la mayoría de datos posibles, utilizando para tal fin diferentes cuestionarios, así como las entrevistas efectuadas por el diario "El Pueblo".

Todo el material fue sometido a minuciosos análisis, encontrando en el mismo algunas lagunas, por lo que se optó con el consentimiento del testigo, y la colaboración del equipo del Doctor Jimenez del Oso, por efectuar análisis hipnótico y narcoanálisis o "suero de la verdad", consistente e pentotal por vía endovenosa, para lo cual y ante el numeroso grupo de especialistas que sometido a una técnica de sofronización simple dirigida, debiendo desistir de la hipnosis profunda y del narcoanálisis, al ser detectada una enfermedad cardíaca.

Durante la sesión el testigo relató punto por punto, toda la experiencia vivida, quedando sin contestar aquellas preguntas más comprometidas,como si Miguel Herrero hubiera recibido una orden posthipnótica, dentro de una amnésia,ya que su relato no cubre las tres horas que permaneció dentro del OVNI.

En cuanto a la personalidad del testigo, hay que observar que es aficionado a la lectura, prefiriendo los clásicos. A pesar de su profesión de coductor, es un hombre de cultura, tiene el Bachilerato y dejó a medias la carrera de magisterio. Tiene amplios conocimientos de francés, inglés, italiano y alemán, no es partidario en absolto de la "ciencia-ficción" y hasta ese momento, como él mismo declararía, "no creía en estas cosas" ("Mundo Desconocido" Nº 21)

Este caso nos presenta una de las Leyes Cósmicas: "Todo ente tiene su opuesto", pues todo está sujeto a la bipolaridad universal. Pero...¿cómo se crea esa bipolaridad?...El átomo de hidrógeno que es, como hemos dicho tantas veces, la estructura básica de edificio cósmico y la residencia del Espíritu Santo, existe sometido a ambas polaridades (+, -) y esta desestabilización produce el movimiento en espiral que es la forma básica de los sistemas galácticos y universales.

viernes, 6 de marzo de 2009

EL CASO DE PRÓSPERA MUÑOZ

Próspera Muñoz y el Ufólogo Antonio Ribera

EL CASO DE PRÓSPERA MUÑOZ

Próspera Muñoz nunca sintío interés hacia la cuestión OVNI, hasta que, un día, fortuitamente, hojeó un libro dedicado a naves extraterrestres, a sus tripulantes y testigos que aseguraban haber sido introducidos en el interior de esos misteriosos vehículos espaciales. Unas fotografías, unos dibujos…unas imágenes impresas que le hacen exclamar: “¡Dios!. Yo conozco esto. Yo he estado con esa gente”. Y en su mente comienzan a surgir inquietantes recuerdos de la infancia, junto a su hermana, en una solitaria finca, cuando la luz bajó.

Es que esto escribe estuvo por tierras de Galicia, concretamente en Santiago de Compostela, requerido por la radio-televisión autonómica de aquella región para intervenir en el programa “A noite das badaladas”, junto a J. J, Benitez, Luis José Grifol, y la persona que motiva este reportaje, Próspera Muñoz.

Con ella tuve la oportunidad de dialogar, en lluviosa tarde de este cambiante verano y que, precisamente no invitaba al paseo por las antiguas callejuelas de la histórica ciudad, sino a charlar en el confortable salón del hotel.

Próspera Muñoz, vive, actualmente en Gerona, de 49 años de edad, casada con tres hijos, es empleada de un locutorio de Telefónica y ama de casa. Es de apariencia sencilla, modesta, pero de ella emana una gran humanidad, una ternura especial. Dice: “no saber nada”. Sin embargo a lo largo de la conversación, voy recibiendo a confirmación de estar ante una persona que, a niveles intuitivos, o por otra razón, desconocida, posee profundos conocimientos espirituales y esotéricos. Sus ojos se concentran en las gotas de lluvia que se deslizan por la amplia cristalera, y comienza a hilvanar sus recuerdos:

“Calculo que esto ocurrió en el año 1947, en una casita de campo que teníamos en mi pueblo natal, en Jumilla, Murcia. Tenía ocho años. Mi hermana y yo hemos hablado mucho de esto y, entre ambas, recordamos perfectamente lo que allí pasó.”

Dos niñas de ocho y once años. Hoy adultas, y que, a pesar del paso del tiempo, no pueden olvidar lo que aconteció un día de mayo.

—”Yo estaba asomada a la ventana, esperando que llegara mi padre. Era de día, por la mañana. Lo que llegó fue lo que yo califiqué de un “coche muy raro”, que flotaba en el aire, muy plateado y que se aproximó, hasta parar, justo a la altura de dicha ventana, descendiendo hasta tocar tierra. Mi hermana y yo salimos fuera y vimos descender a dos hombres de extraña apariencia, porque eran bajitos, no llegaban al metro y medio. Pensábamos que eran “extranjeros” y así se lo dijimos, posteriormente a la familia”.

Indagamos más sobre la apariencia física de aquellos “extranjeros”:
—Tenían el cráneo bastante abultado, la tez más blanca que la nuestra, los ojos —eso sí— muy alargados….

Aquellos seres, con toda naturalidad, pidieron a las niñas un vaso de agua. Juntos entraron en la desierta casa, y allí entablaron una insólita conversación con Próspera.

—”En ese momento yo sentí que no era una niña. Hablaba con ellos de tú a tú. Sabía quienes eran, qué querían de mi, por qué venían. Me explicaron cómo sería toda mi vida y lo que tendría que hacer, pero que lo olvidaría hasta pasados treinta años. Y así fue”.

Aquellos pequeños tripulantes se marcharon rápidamente. Su nave se alejó en el cielo dejando una gran luz.

—”Una luz que atravesó las paredes de la habitación. Creo que nosotras nos desmayamos, pues sólo recuerdo a mi tío que llegó muy asustado —él trabajaba un poco más lejos de la casa— y vió el objeto que volaba y la gran luminosidad que lo inundó todo”.

Y le explicaron al atemorizado familiar que había llegado un coche con dos extranjeros, pero que no había pasado nada de “particular”. Por la tarde, volvieron otra vez.

—Mi padre y mi tío habían ido a ver una finca cercana. Yo estaba fuera y los vi llegar. Bajaron con una especie de linterna en la mano, con la que recorrieron todo lo exterior de la casa, como midiendo o detectando algo. Me advirtieron que no pasara, ni me acercara, al lugar donde se había estacionado la nave, recomendándonos, a las dos, que nos laváramos con mucho agua. Nos hicieron otras recomendaciones y, de nuevo, se marcharon”.

Las niñas comentaron al padre: “Esos señores han vuelto y se han marchado por allí”.

En ese momento, demudado hizo su aparición el tío: “Los he visto. Eran dos hombres que se han subido a un “coche” muy brillante, que parecía un huevo y se han ido volando.”.

Próspera nos cuenta más detalles, pero alargarían en demasía este artículo: verduras que se pudrieron, un perro mustio y triste, puertas que no se podían abrir…en definitiva, incidentes que se repiten, absurdos, sin aparente sentido, aunque todo parecía indicar que eran, como preparativos iniciales, para el gran momento.

—”Días más tarde, aparecieron por la noche. Yo estaba dormida cuando, de pronto me desperté. Los vi en la ventana y me invitaban a salir fuera. Pensé que a aquellas horas mi familia se iba a enfadar, no dejándome salir, pero nadie se enteró”.

Ya en el exterior, la niña comprobó que había varios seres. Destacaban dos por su estatura, muy altos, que parecían como robots, llevando, uno de ellos, en brazos al perro de la casa.

—”Aquello me impresionó ya que me di cuenta que el perro estaba como dormido, aunque ellos me tranquilizaron indicándome que lo habían hecho para que no alborotara. El otro ser alto me aupó llevándome por el campo hasta llegar a una luminosa nave que sería como un chalet de dos pisos y que tenía una cúpula trasparente en lo alto. Me depositaron en una especie de plataforma y salieron de la nave más seres de los bajitos, que me miraban con mucha curiosidad.”

Intentemos resumir esta larga historia: La niña es conducida al interior del vehículo, a una sala circular, donde había varias pantallas de televisión.

—”En aquel tiempo yo no sabía qué era aquello. Lo identifiqué como “pantallitas de cine” donde controlaban todos los alrededores del campo. Me llevaron ante un aparato similar, a un televisor actual, y allí, asombrada, contemplé imágenes mías y de mi hermana que habían filmado los días anteriores. Lo que más me llamó la atención era que, alrededor de nuestro cuerpo había una especie de niebla. Hoy sé que a eso se denomina “aura”.

—“Subimos por una escalera vertical hasta la cúpula de aquel aparato, que, en un momento dado, se abrió y desde allí nos trasladamos a una de sus alas. De pronto, de arriba brotó un rayo de luz, como si en el cielo se hubiera encendido una gifantesca linterna, iluminándonos. Me explicaron que aquello era un ascensor, que no tuviera miedo, que iría uno delante de mi y otro detrás. Y así subimos. Recuerdo perfectamente cómo a través de ese tubo de luz podía ver todos los campos, se me alborotaba el pelo, y pasaba apuros con la falda de la camisa de dormir”.
Llegaron arriba donde les esperaba una enorme y gigantesca nave. En su interior Próspera recuerda una especie de camilla, aparatos y un foco; todo muy similar a un quirófano.

—”Allí, me quitaron la ropa y empezaron a efectuar un montón de pruebas físicas, aunque yo no sentía ningún dolor. Además alguno habló de anestesiarme, de dormirme, pero dijeron que no hacía falta, que era muy dócil. Y la verdad, yo estaba muy tranquila, como si los conociera de siempre y sabía lo que querían hacerme.”

Siete de aquellos seres, con batas blancas, rodeaban a la niña. Al parecer, la investigación fue muy minuciosa: le quitaron un mechón de pelos, pestañas, cejas, trozos de piel…

—”Me hicieron también, un exámen profundo, vaginal y anal, manifestándome que me iban a implantar unas “laminillas”. Estas se me inyectaron por la nuca y, después, en una pantalla, me indicaban el recorrido en mi cerebro, hasta llegar a un sitio donde se detuvieron. Aquello quedó en el lóbulo derecho del cerebro”.

Finalizada la experiencia científica, Próspera, por el mismo sistema del rayo luminoso, fue devuelta a su casa, aparentemente con toda clase de cuidados y afecto, sin sufrir ningún tipo de trauma o malestar físico.

En diferentes ocasiones ha sido sometida a hipnosis bajo control médico, como por ejemplo: con el especialista Rovatti o Jordán Peña, y ha repetido la misma historia, aumentando sólo la misma con aportes de pequeños detalles.

—”Al recordar esta experiencia se me han roto muchos de los esquemas que tenía de antemano. Al principio lo pasé muy mal, fue como un trauma. No sabía lo que era, lo que significaba, ni siquiera si era verdad. Me planteaba la posibilidad, de que mi cerebro, mi inconciente, hubiera creado estas fantasías. Hasta que lo hablé con mi hermana, sin darle detalles, y que ella me contara sus recuerdos, coincidiendo en todo no me tranquilicé. Sin embargo, hasta que no pude contarlo, no había manera de poder concentrarme en mi trabajo o en mi casa. Era como una fuerza interior que me condicionaba a decirlo. Cuando así lo hice, las cosas cambiaron y volvieron a la normalidad. Aunque ya no era la misma. Notas que hay algo más que la vida material, que existe algo al otro lado, , tienes más confianza y conformidad, pero sigues la búsqueda, buscas información en todas partes, buscas respuestas a muchas preguntas, pero llegas a la convicción de que estan dentro de ti”.

Muchos han creido la historia de Próspera Muñoz, otros la han tachado de esquizofrénica, que aquello fue un ataque sexual, que su marido no le hace caso (todo lo contrario), si está menopausica…

Para mi, lo cierto es que ella, al contar ese incidente, se ha complicado la vida, enfrentándose a muchas situaciones de desprecio, de burla. Elogio su valentía y decisión,. Si este caso hubiera ocurrido por ejemplo en Estados Unidos, Próspera sería una especie de heroína, dando conferencias, escribiendo libros, con muchos investigadores a su alrededor. En nuestro país, entre los creen su historia, se encuentra Antonio Ribera, que ha estudiado, a fondo este caso.

Sólo puedo añadir:he mirado, directamente a los ojos a esta buena mujer y he visto la verdad, y entrando en su intimidad (te pido perdón Próspera) rompiendo la barrera de lo físico, he visto su aura, y es blanca, resplandeciente. Por lo menos no dudo de su sinceridad y reconozco su alta vibración espiritual.

(Informe escrito por Francisco Padrón)